Recuerdo esos ojos,
en cuyas pupilas se veía la marihuana recién consumida.
Veía todo con asombro
y se reía como loco.
Amo su cara de bobo cuando me peino,
esa sonrisa poseída por el ego
y las estupideces que dicen en pedo.
Mientras pensamos y no existimos,
nos exigimos por tener vivencias por nosotros mismos,
con el afán de explicar sensaciones,
mucho más allá de las canciones y oraciones.
Estas son mis perdiciones,
mis grandes amores,
los intensos terrores
y fantasías, peores.
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