lunes, 15 de junio de 2015

El precio del exceso

La agonía de una borrachera,
decir grandes verdades sin cuerda;
no recordar
olvidar todo lo que sentiste mal.



Tiremos por los labios las formas de pensar;
tiremos por los labios el sabor de la verdad;
tiremos por los labios la distorsión de la realidad.



No recuerdo mi apellido,
debe estar por ahí.
¿Dónde estamos?
Espero solo estar soñando.



Expresarme me hace libre.
¿Soñar? Me creo invencible.
Imperceptible no soy, 
¿qué miras vos? 



El precio de tomar y olvidar,
sonreír y no cantar.
Hablar, pero no decir.
Vivir y solo vivir. 



Cadáver viviente

Sólo soy un cadáver viviente,
dice siempre lo que sientes.
No creas sin sentido;
tus delirios no son vanos,
tampoco homicidios.


Frío como un muerto;
ahogado, creyéndote en un Mar de Sueños.
Éstos no tienen dueño,
pero estás flotando sobre ellos.



Oh, dulce Orfeo; no mires atrás.
Sálvame de este Infierno;
dame vida, devolveme paz.



Tú me quieres contigo,
yo te quiero conmigo.
Mi Orfeo, no mires detrás;
no volveré a verte otra vez.