Una canción que no suena,
una amiga perdida culpa del humo,
un padre no muy presente
y otro libro sin conocer.
Estas pequeñas cosas cotidianas,
tan estúpidas, tan insignificantes,
y tan pero tan absurdas,
dan mucho en qué pensar.
¿En qué pensar?
¿En o en quién creer?
La soledad nunca está demás,
es la única compañera que jamás se irá.
Extrañar, amar, odiar. . .
solo nos mueven, no importan.
¿Se pueden controlar?
Claro que si, acá las instrucciones:
solo ponete la mascara de hierro,
sonreí,
seguí con la frente alta
evitando a todos ellos
y a toda cosa mala
que te haga sentir mal.
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