El pibe trastornado de la esquina de casa,
habla solo con una manzana.
Agobiado de la hipocrecía que lo rodea,
se compró una bandera que no flamea.
El faso y la compañía no le venían nada mal
cuando el muchacho sueña despierto y baila.
Sueña tanto como un niño dormido
que cuando despierte ya me abré ido;
ya lo abré escuchado; ya lo abré cantado.
El hijo de Hamlet,
el falopero de la esquina que yo reía,
como Ofelia y Yorik ya no había,
Hamlet ya no reía.
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