Escuchaba al fantasma de Canterville,
mientras caminaba en una oscura ciudad.
Festejaba la gente,
alguien lo fue a visitar.
Amar no es obligar,
cantar no es gritar,
gemir no es odiar. . .
¿por qué somos tan tontos?
¿A quién le importa lo que la gente diga?
Toda mi vida fui una mendiga,
una insignificante y dulce bandida.
Ríe y miente,
¿es importante que te maldigan?
Mientras Alicia está en su país,
fuma uno con un gurí,
cantan canciones de Flema;
su alma es pura, no se envenena.
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